Las 6 caras del juego de Rol

Un reportaje de Eunate Mencía, Pilar Martínez y Naroa Martín
Diseño: Raúl Bobé 

Solo en sus últimos 20 minutos de vida, Carlos Moreno supo que aquel 30 de abril de 1994 estaba en el lugar equivocado. Por azar este hombre de 52 años pasó a ser parte del juego de rol creado por Javier Rosado. Razas consistía en exterminar aquellas etnias inferiores, formadas por personas débiles, mujeres, viejos, niños desgraciados o marginales. La pareja letal, formada por Rosado y su cómplice Félix Martínez, traspasó las barreras de la ficción convirtiendo a Moreno en su primera víctima. El mentor del juego dejó plasmados todos los detalles del siniestro asesinato en su diario.  

Los asesinos del rol: maestro y discípulo

 

Javier Rosado tenía 21 años y estudiaba 4º de Química. Era lector empedernido del crimen y novela policiaca. Félix Martínez era cuatro años menor que Javier, estudiante de bachillerato. Javier procedía de una familia estructurada, tenía un hermano mayor y una madre enfermera. En las entrevistas con los forenses dijo que desconocía la profesión de su padre, quizás porque se avergonzaba de él. Tenía un expediente académico normal y un buen comportamiento en la niñez, sin embargo, no se relacionaba con la gente de su edad. Félix procedía de una familia desestructurada, tuvo una infancia y adolescencia muy duras. Sus padres eran drogadictos y ambos murieron de sida, nunca tuvo ni hermanos ni cariño. Hasta que encontró esas cadencias en Javier.

 

Ambos se hicieron amigos una tarde en un campo de fútbol del barrio de Chamartín, donde residían. Javier gritaba desde la grada frases inconexas de varios libros de H.P. Lovecraft, el escritor por excelencia del género de terror. Al oírlo, Félix se acercó para descubrir si aquel chico estaba jugando al rol, un juego procedente de Estados Unidos y que destacó en España en los años 90. El juego estaba formado por un tablero, unas fichas, unos dados y un maestro, quien se inventaba la historia, los personajes y las tramas. Javier no sabía jugar al rol ni para qué servían esos elementos, pero aquello dio igual porque la conexión entre ambos ya se había producido. Félix encontró en Javier el maestro y el hermano que nunca tuvo, y se convirtió en el discípulo que necesitaba Rosado para convertir el juego del rol en un asesinato. 

 

Más tarde, Javier aprendió los mecanismos del juego de rol gracias a Félix, quien le llevó uno de estos para que se distrajese durante una convalecencia. Enseguida se convirtió en un experto e incluso creó uno nuevo: Razas. Según Félix: “Consistía en tomar una cualidad, exagerarla al máximo y a partir de ahí crear personajes, criaturas que Javier sacaba de su imaginación. El juego tenía 42 razas y cada raza cuatro niveles. Él acabó creyéndolo todo y tenía tantas personalidades como su juego”. Tomaron como referencia el juego de rol y cuando el tablero se les quedó pequeño, conspiraron el asesinato que posteriormente realizaron. Así nació el “crimen del rol” que fue cometido por los jóvenes: Javier Rosado y Félix Martínez.

Javier Rosado / Foto cedida por Ana Isabel Gutiérrez

¿Qué ocurrió antes del asesinato? 

 

“Habíamos estado afilando los cuchillos, preparando los guantes y cambiándonos, poniéndonos ropa vieja en previsión de que la que llevaríamos quedaría sucia”, Javier Rosado cuenta en su diario lo que hicieron antes de cometer el asesinato. 

 

El plan era que Javier asaltara a la víctima por detrás y Félix le mostrara un cuchillo. Javier, con uno más pequeño, pero muy afilado, mataría a la víctima.

 

A la una y media de la mañana del 30 de abril de 1994 Javier Rosado y Félix Martínez salieron en busca de su víctima. Eligieron el barrio de Manoteras por estar a las afueras y ser poco transitado por las noches. Estuvieron sentados en un parque esperando a su víctima, no era nadie en concreto, pero preferiblemente sería una persona vulnerable, una mujer, una persona mayor o un adolescente. Vieron a una  anciana que salió a tirar la basura, pero se les escapó por poco. Más tarde divisaron a una mujer joven, pero al ver que iba acompañada de un hombre, no se atrevieron. Al poco rato pasó otra pareja de novios. Javier escribió en su diario su enfado ante esta situación. Las horas pasaban y la frustración aumentaba. 

 

Necesitaban que llegasen las cuatro de la mañana, a partir de esa hora cualquier persona podría ser su víctima, según marcaba el juego. A esa hora Carlos Moreno, de cincuenta y dos años, casado y con tres hijos, salía de casa de su amiga Modesta. Tenía la costumbre de volver a su hogar en autobús nocturno, excepto cuando cobraba, entonces volvía en taxi. Ese día había cobrado, pero, por desgracia, decidió ahorrarse ese dinero. Javier y Félix decidieron que aquel hombre que esperaba en la marquesina iba a ser su víctima. Javier lo describió en su diario como “gordito, y mayor, y con cara de tonto”. 

 

Ambos decidieron que sacarían los cuchillos al llegar a la parada, le atracarían y, mientras que Félix le apuñalaba en el costado, Javier le metería su cuchillo en la garganta. Rosado cuenta en su diario lo que pensó al ver a Carlos Moreno, su víctima: era alguien que no merecía la muerte, pero que tenía “una papeleta imaginaria que decía quiero morir”.

¿Cómo murió Carlos Moreno? 

 

 

Javier Rosado relata sin tapujos en su diario cómo fueron los veinte minutos que transcurrieron desde que encontraron a Carlos Moreno hasta que este falleció. Javier y Félix se acercaron a él y empezaron a intimidarle. Simularon un atraco, pero en realidad no les interesaba su dinero. 

 

En el diario cuenta detalladamente cómo le pegaron y clavaron el cuchillo a Carlos. Cuenta que al principio solo le consiguieron hacer pequeñas heridas, que él les insultaba y se resistía a morir. En medio de la lucha por su vida mordió a Javier en un dedo, arrancándole parte del guante de látex y el reloj a Félix. Tras los forcejeos con el cuchillo, Javier Rosado acabó sacándole las tripas por el ombligo y descoyuntándole la columna vertebral. Finalmente lo degollaron y tiraron el cuerpo por un terraplén.

Tardaron casi quince minutos en acabar con la vida de su víctima. Rosado especifica que fue una víctima que se resistió bastante, algo que le enfadó: “... era espantoso: ¡Lo que tarda en morir un idiota! Llevábamos casi un cuarto de hora machacándole y seguía intentando hacer ruidos. ¡Qué asco de tío!”. Al acabar sonrieron, se dieron la mano, tiraron la ropa, brindaron, se felicitaron y volvieron a casa, satisfechos y con sensación de paz y tranquilidad, según relata Javier en su diario. 

Carlos Moreno, la víctima / Fotografía cedida por "Criminal descubierto"

Juego resuelto 

 

“Calculo un 30% de posibilidades de que nos atrapen, más o menos. Si lo hacen será por las huellas dactilares o por irse de la lengua. Si no nos atrapan, la próxima vez le tocará a una chica y lo haremos mucho mejor”.

 

El barrio madrileño de Monteras amaneció el 30 de abril de 1994 con un cadáver. El conductor del autobús, que hacía la parada en ese barrio madrileño, hizo su descanso rutinario para fumar un cigarrillo. Vio algo en los matorrales que llamó su atención: era el  cuerpo de un hombre sin vida de mediana edad que apareció sádicamente apuñalado a sus pies. Al principio, todo apuntó a un robo, pero del bolsillo de la víctima encontraron las 60.000 pesetas que llevaba consigo. Las únicas posibles pruebas que quedaron junto al cadáver eran un trozo de guante de látex y un reloj bajo la pierna del hombre. 

 

Mientras el conductor descubría el cadáver, en Chamartín, Javier y Félix dormían a pierna suelta. Antes se habían deshecho de la ropa ensangrentada; unas prendas acabaron en el contendor más cercano y otra en bolsas dentro del armario de Javier. Además, continuando con el juego, Javier escribió una nueva ficha, como la que tenía para el resto de personajes fantásticos que protagonizaba su juego. Carlos figuraba en ella con el nombre de Benito, un nombre que correspondía a un profesor de químicas del joven. Y aparecía dibujado con bigote y con la bolsa donde guardaba el mono de su trabajo de limpieza. Además, Javier hizo una valoración de las cualidades de la víctima:

 

Fuerza, 8; Poder, 6; Carisma, 4; Inteligencia, 6; Tamaño, 15 y Voluntad, 16. 

Los días continuaron para los jóvenes sin noticias de las autoridades policiales. Entonces, como no había nada de lo que arrepentirse ni lamentarse, y con ganas de que el juego continuase, Javier hizo partícipe de los detalles del crimen a Jacobo, Javier y Enrique, tres jóvenes de 17 años con los que jugaba a los roles, y con los cuales querían contar para el próximo asesinato. Su intención era volver a matar, pero “hacerlo mejor”, como decía en su diario.

La denuncia 

 

El secreto comenzó a expandirse. Enrique, al que el juego le había superado, le confesó al párroco de su barrio la implicación de Javier y Félix en la muerte de Carlos. Guiado por los consejos del sacerdote, Enrique hizo partícipe a su padre de los detalles que conocía acerca del caso. La denuncia interpuesta por el padre de Enrique fue la clave para la resolución del caso ya que, a pesar del guante y del reloj encontrados en la escena del crimen, la policía no pudo encontrar a los asesinos porque no habían sido identificados con anterioridad. 

 

Javier y Félix fueron detenidos el 5 de junio de 1994, cuando Javier acudía a casa de su cómplice con una caja de guantes de látex, ya que el juego, lejos de detenerse, se había convertido en una obsesión para ellos. Eran dos asesinos “en serie” en busca de su segunda víctima. Las pruebas encontradas delataron a los jóvenes: al registrar el dormitorio de Javier Rosado encontraron un documento, en una bolsa, que contenía una detallada descripción del cruel asesinato a Carlos Moreno y lo que había sentido él con cada acción realizada. El escrito estaba en primera persona, mecanografiado y presentado en tres folios. Además, Javier mantenía el dedo vendado por el mordisco de Moreno durante el forcejeo. Los cuchillos, que habían sido el arma del crimen, también se hallaron en la mochila de Javier.  

 

“Mis sentimientos por hacer el asesinato en sí mismo no existían en absoluto, demostrándome que mi mente era fría y calculadora en cualquier situación y dándome esperanzas para otras acciones. No sentí remordimientos ni culpas, ni soñé con mi víctima, ni me inquietaba el que me pillaran. Todo eso eran estupideces. Comparé todo esto con mi compañero y coincidimos punto por punto. Nos dijimos que no estaba mal para unos “amateur” y nos sentimos realizados”.

Pruebas encontradas en la habitación de Javier Rosado / Fotografía cedida por Ana Isabel Gutiérrez

Resolución del caso 

 

 

España se encontraba ante el primer caso en el que se contemplaba un supuesta personalidad múltiple, la de Javier Rosado. El juicio, celebrado el 18 de febrero de 1997, a los autores del crimen del rol fue un espectáculo mediático.  

 

Félix enseguida reconoció la veracidad de los hechos que se le imputaron y pidió perdón a la familia de la víctima. Javier, por el contrario, negó en todo momento su participación en el crimen y mantuvo una postura altiva y prepotente, limitándose a tomar notas o a sonreír cuando declararon los testimonios. 

 

En el juicio se barajaron tres teorías sobre la personalidad de Javier: primero, José Antonio García Andrade y Carlos Fernandez Junquito; perito de la defensa y perito forense respectivamente, defendieron que  Rosado era un esquizofrénico paranoide, una persona que tenía una alteración del pensamiento y que sufría alucinaciones auditivas y visuales. Este análisis del protagonista del crimen le desvinculó de la responsabilidad de los actos.  

 

Luego llegó el turno de Juan José Carrasco y Ramón Núñez, directores de la Clínica Médico Forense de Madrid, que argumentaron que Javier padecía un trastorno de la identidad disociativo. Esto quería decir que Javier tenía dentro de sí, dos o más personalidades que operaban independientemente, por lo que tampoco sería imputable. 

 

Por último, las psicólogas forenses Blanca Vázquez y Susana Esteban y el psiquiatra Luis Caballero presentaron la última teoría y la que se impuso al resto: declararon que Javier era un psicópata sádico que se deleitaba con el placer que le  proporciona el dolor ajeno y cuyo objetivo era quitarle la vida a otro ser humano y contemplar cómo expira. 

 

Esta última teoría fue respaldada por la declaración hecha por el propio Javier, el día 8 de octubre de 1994, en la cual aseguraba que fue él mismo quién hizo primer corte con el cuchillo pequeño de conchas naranjas. Este hecho, que no había sido publicado en ningún medio de comunicación, sólo podía saberlo porque había sido consciente de los hechos y que por lo tanto se desmoronó la teoría de las personalidades múltiples. 

 

Javier Rosado fue condenado por la Magistrada María del Carmen Compaired a 42 años de cárcel y dos meses de prisión, con 28 años de reclusión mayor por asesinato, 4 años, dos meses y un día por el delito de robo y 10 años y un día por delito de conspiración por el asesinato. 

 

Félix Martínez, cómplice de Javier y menor de edad, fue condenado a 12 años y un día de reclusión por asesinato. 

 

El 5 de enero de 2008 la Audiencia Provincial de Madrid concede a Rosado el tercer grado penitenciario y en el año 2010 alcanzó la plena libertad con tan solo 36 años, tras pasar 13 años de condena. Esta reducción en la condena se vio motivada por el comportamiento ejemplar de Javier en prisión. Además, estudió tres carreras universitarias: Químicas, Matemáticas e Informática. 

La policía escolta a Rosado a la entrada de los juzgados / Fotografía cedida por Ana Isabel Gutiérrez