DADO SEIS.png

Foto: Cedida

 3 mentes, un asesino 

Un reportaje de Eunate Mencía, Pilar Martínez y Naroa Martín
Diseño: Raúl Bobé 

 

El crimen del rol fue, en parte, característico por la forma sádica de actuar que presentaron los protagonistas: Javier Rosado y su cómplice Félix Martínez. A través de un perfil psicológico del creador del juego de Razas se busca entender y adentrarse en la mente de este tipo de criminales. Gracias a ello se descifra el por qué de esa forma de actuar en los homicidios que cometen. 

 

El perfil se ha elaborado a través de dos expertas en materia criminal:  Ana Isabel Gutiérrez Salegui, Licenciada en Psicología en las especialidades Clínica y Social y del Trabajo, por la Universidad de Salamanca y miembro de el Consejo Académico del Instituto de Probática e Investigación Criminal IPIC. Y Paz Velasco de la Fuente, abogada y criminóloga graduada por la Universidad de Barcelona y especialista en Evaluación Criminológica (CESC). El estudio se llevó a cabo teniendo en cuenta la definición de psicópata de Robert Hare y de la aplicación de los ítems de su Escala de Evaluación de la Psicopatía de Hare - Revisada (PCL-R), junto a las características que describe D.T Lykken, y los criterios de diagnóstico del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV) y la décima edición de la Clasificación internacional de enfermedades.

 

Ambas especialistas, tras un análisis cedido a bullet.in y comprimido en unos 20 folios derivado de las sentencias y previos análisis psicológicos elaborados en el momento de los hechos, han ofrecido el análisis de la mente de Javier Rosado. El asesino presenta una personalidad definida por la teoría de la identidad fracturada, la psicopatía sádica y el trastorno disocial de la personalidad. 

Teoría de la identidad fracturada

 

La teoría de la identidad fracturada pone de relevancia la dualidad en la personalidad que un mismo individuo puede presentar. En este caso se hacen presente de forma completa los dos “yo” característicos de este tipo de identidades. 

 

Por una parte, está el yo público, que está formado por los rasgos de la personalidad que Rosado se esforzaba por mostrar en sociedad: era un buen estudiante, lector empedernido y tenía una vida social, limitada, pero existente. Además, gracias a los estudios y el nivel cultural adquirido por la lectura, se le consideraba un chico inteligente y con rasgos de liderazgo. Con estas cualidades pretendía entrar dentro de las reglas y expectativas sociales para ser aceptado y pasar desapercibido. El anonimato social conseguido le permitió a Rosado planear su crimen en su zona de confort y con tiempo de antelación para garantizar el éxito del homicidio. 

 

Y luego encontramos el yo oculto, que solo conoce él o su pareja, en este caso Félix Martínez, que le ayuda con los crímenes. Esta es la verdadera identidad del sujeto, la esencial.  Se basa en una naturaleza violenta que necesita un continuo control sobre los demás. Aquí es donde entra la parte sádica, narcisista y, manipuladora de Javier. 

Psicopatía

 

 

Javier Rosado en el momento de los hechos tenía un trastorno de la personalidad-psicopatía, pero mantenía sus facultades intelectuales, por lo que podía ser imputado jurídicamente. Tenía capacidad para controlar sus actos, por lo que pudo ser juzgado y condenado penalmente. 

 

Javier Rosado era un psicópata sádico porque se deleitaba con el placer del dolor ajeno y su objetivo era quitarle la vida personalmente a otro ser humano. Rosado sabía que había cometido un grave delito, pero lejos de tener sentimientos de culpa quería repetir el crimen. De hecho, el joven escribió en su diario que, si no les atrapaban, la próxima vez le tocaría a una chica, y lo harían mucho mejor...

 

El juego que creó Javier, Razas, consistía en exterminar aquellas etnias inferiores, formadas por personas débiles, mujeres, viejos, niños desgraciados o marginales. Rosado no elegiría a una víctima que fuese más poderoso que él, que tuviese autoridad frente a él.

 

El informe sobre Javier concluye que la locura de Javier era un fraude, estaba simulando los síntomas de un psicótico para librarse de la condena. Según las psicólogas forenses: “en nuestra exploración le descubrimos en numerosas mentiras y contradicciones. Él ha creado una teoría a la que denomina "genealogía del asco", por la que determinadas personas no merecen vivir. Ha inventado el juego más violento de rol que existe como una forma de racionalizar los impulsos agresivos que tenía”.

 

Previamente se afirmó que Javier Rosado poseía una esquizofrenia paranoide, pero tras su ingreso en prisión esta enfermedad hubiese empeorado con el aislamiento, algo que no sucedió, por lo que Rosado en realidad tenía trastorno psicopático.

 

Trastorno disocial de la personalidad

 

 

Y el tercer pilar que constituye la personalidad de Javier Rosado es el trastorno disocial de la personalidad. De este tipo de trastornos es característico la gran disparidad que presenta el sujeto entre las normas sociales y su comportamiento.  Las características y conductas que se hacen presentes en Rosado y que caracterizan el trastorno son: la cruel despreocupación por los sentimientos de los demás y la falta de capacidad de empatía. A pesar de que él mismo, como expresa en su diario, vio a Carlos Moreno como un hombre humilde y trabajador, no sintió la necesidad de pensar en él y en su derecho a la vida. 

 

También se refleja en el protagonista del homicidio una actitud de irresponsabilidad y despreocupación por las normas y obligaciones sociales. Conocía y reconocía la ilegitimidad de sus acciones y aún así decidió cometerlas. Otro hecho que se hace notar a través del diario encontrado en la casa es la baja tolerancia a la frustración; siente irritabilidad cuando Moreno, según él, tarda más de 20 minutos en morir y pone resistencia a la tortura a la que le someten. 


Y para finalizar, a través del comentario reflejado en los escritos de Rosado: “mis sentimientos eran de paz y tranquilidad espiritual total: me daba la sensación de haber cumplido con un deber, con una necesidad elemental que por fin era satisfecha”. Se puede observar la incapacidad del protagonista para sentir culpa por arrebatarle la vida a Carlos Moreno.