ACTO TERCERO

Celda inexpugnable

Francisco Pérez Gandul:

“La cárcel es el símbolo del fracaso educativo y social"

 ENTREVISTA | Escritor de Celda 211 

Muchos pueden sentir el timbre de voz de Malamadre susurrando a Juan Oliver en el patio de una prisión hecha motín. También, pueden sentir el miedo de Utrilla bajando las escaleras de caracol que visten la cúpula de la cárcel de Zamora. Pero pocos conocen que la película, galardonada en 2009 con ocho premios Goya, tiene su origen en Sevilla. Francisco Pérez Gandul, de 63 años de edad, publicó en 2004 el thriller claustrofóbico en formato novela. Inspirado en el cine de oscuras prisiones americanas, el periodista situó al lector en una celda cuyo número todos conocíamos y que se convertiría en la protagonista de la novela. Adaptada a la gran pantalla en 2009, la película guarda una fidelidad exquisita con el papel. Y, aunque en el momento de escribir la novela Gandul no fuese consciente de ello, Celda 211 coincide también con la realidad de la cárcel de Zamora. Porque película, novela y realidad guardan un mismo mensaje: la angustia de vivir en un espacio entre rejas.  

¿Pensó en alguna cárcel en concreto al escribir Celda 211?

- No, en absoluto, la fisonomía de la cárcel me resultaba indiferente para la historia que quería contar.

 

¿Considera que la cárcel de Zamora se asemeja a la cárcel que usted imaginó para su novela?

- Tuve ocasión de visitarla durante el rodaje de la película y comprobé que iba a facilitar mucho el ambiente claustrofóbico que luego se vería reflejado en ella. Pequeña, antigua, oscura, deteriorada, opresiva, fue el escenario perfecto para las andanzas de Malamadre.

 

¿Qué posibilidades literarias y novelísticas ofrece una cárcel como escenario para la narración de una historia?

- Es una mina para un escritor: el ambiente cerrado, las rejas inexpugnables, la convivencia tensa entre funcionarios y reclusos, la exacerbación de los sentimientos, las tragedias personales que acompañan a los perdedores, la soledad en medio del tumulto, mil cosas. Otra cosa es conseguir una historia original, porque es un género que se ve limitado por el confinamiento de sus protagonistas y sus posibilidades de desarrollo son limitadas. Acaso por eso Celda 211, una mirada poco convencional del mundo carcelario, destacó.

 

¿Qué es para usted una cárcel? 

-El símbolo más palmario del fracaso de un sistema educativo y social. Encerramos por atentar contra la sociedad a quienes, generalizando, ni supimos formar, ni ofrecimos oportunidades en la vida para que tomaran otro camino. Luego están aquellos que llevan el mal en su ADN, a los que necesariamente hay que apartar de las calles.

 

¿Es el relato una crítica al sistema penitenciario español, tal y como apuntan algunos críticos? 

Una vez que escribes una novela deja de pertenecerte. Sobre ellas se vuelcan cientos de miradas que dan lugar a múltiples interpretaciones. Mi intención era llevar al lector a la difuminada frontera entre la bondad y la maldad, al desconocimiento de uno mismo hasta que no se encuentra en una situación límite. Pero resultaba inevitable que hubiese también una interpretación política. Y hay algo que lo favorece: la certeza de que la cárcel no cumple su principal objetivo que es formar al delincuente para que se reinserte en la sociedad.

¿Cuál fue su inspiración a la hora de escribir el libro? ¿Le inspiró el motín de 1993 a la hora de narrar el de su novela? 

Más que inspiración, lo que me llevó a escribirla fue una necesidad. Soy periodista, un tipo que andaba por entonces anclado a la realidad cuando se había criado con los libros de Julio Verne, Emilio Salgari, Robert Louis Stevenson, en fin, en la fantasía. Atravesaba un momento difícil en lo profesional y en lo personal y escribir Celda 211 se convirtió en una liberación. La historia estaba en mi mente desde hacía tres años y sólo necesitaba escribirse. Más que el motín del 93 lo que me inspiró fue el cine carcelario americano, aquel en blanco y negro con Burt Lancaster o Clint Eastwood o películas posteriores como La milla verde o Cadena Perpetua. Siempre fue un género que me cautivó.

¿Cuáles son las principales semejanzas entre la película Celda 211 y su novela? ¿En qué medida se ha respetado el curso de su obra? 

Semejanza casi absoluta. Quitas el comienzo y el final de la película y la historia, respecto a la novela, es de una fidelidad extraordinaria. Jorge Guerricaechevarría y Daniel Monzón, los autores del guión (Monzón fue también el director), hicieron un trabajo de adaptación fantástico. No sólo fueron fieles al libro sino que sus aportaciones personales ayudaron a fortalecer el espíritu del mensaje.

 

¿Hubiera cambiado/modificado algún escenario de la película? ¿Cuál y por qué?

Cuando adaptan una obra tuya siempre encuentras cosas que ves de manera diferente, pero no sería justo ponerle “peros” a quienes hicieron tan buen trabajo con ella. Quedó estupenda y es lo que vale.

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